¿Vale la pena enfrentar los miedos? No siempre…


CUENTO: Ver el bosque desde arriba

Nicole y Vanessa trabajan en un campamento de verano donde hay una ruta de zipline, o “canopy”, por entre los árboles más altos. Ambas tienen miedo a las alturas, pero Vanessa anhela tener la experiencia, y mediante el ánimo de sus compañeros logra enfrentar su miedo y volar sobre el bosque. Pero Nicole se niega a hacerlo, pese a las insistencias y las presiones de sus compañeros. ¿Cuál de las dos fue valiente? ¿Cuál de las dos hizo lo correcto?

Fuente: experiencia de la vida real. Nombres de los personajes y algunos detalles han sido modificados.


RESUMEN DEL EPISODIO


Antes de lanzarse a enfrentar un miedo, hay que preguntarse: ¿realmente vale la pena? ¿De qué me perdería si no lo hago? ¿Me arrepentiría de hacerlo, o de no hacerlo? ¿Qué está del otro lado de este miedo, y aquello sí es importante para mí?

Enfrentar un miedo es difícil, y puede ser peligroso, así que es importante tener claridad sobre estas cosas para evitar hacer algo que te traumatice más.

La cobardía no se trata de no enfrentar los miedos. La cobardía es cuando la persona sabe lo que es correcto, pero aun así decide no hacer lo correcto por temor a las consecuencias.

Un acto cobarde es un acto deliberado de evasión de la responsabilidad frente a una situación que implica un nivel de riesgo y/o compromiso.

Por lo tanto, si ves que enfrentar un miedo es lo correcto para ti, tienes que hacerlo. Y es mejor empezar a entrenarse y tomar pasos pequeños antes de que surja alguna necesidad urgente y no tengas más opción, para que ya hayas cultivado la valentía y sepas que has logrado y sobrevivido a cosas parecidas antes.

Si eres una persona miedosa y le tienes miedo a todo, empieza con los miedos más chiquitos y rétate a enfrentarlos en un ambiente seguro, para ver, mira, lo hice, y no me pasó nada.

Si tienes una fobia muy grande, ve tomando pequeños pasos. Por ejemplo, si tienes pavor de los perros, empieza obligándote a mirar un dibujo de un perro sin apartar la mirada durante 30 segundos. Luego un minuto. Eventualmente avanza a una foto de un perro, y luego a un video, y luego a observar a un perro desde la ventana, y así.


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Haz una lista de 10 miedos que sientas que vale la pena enfrentar, y enuméralos en orden de menor a mayor. Ponte una fecha límite para enfrentarlos todos, y empieza a elaborar una estrategia para decirle “¡hola!” a tus miedos y sobrevivir en el intento.


TRANSCRIPCIÓN COMPLETA


¿Qué hace que una persona sea valiente o cobarde?

Te voy a contar el caso de dos chicas que le tenían miedo a las alturas. Hace un tiempo trabajé en un campamento de verano, y este campamento de verano tenía algo súper interesante. Estaba en medio de un bosque con árboles altísimos y antiguos, y habían construido toda una ruta de “canopy”, de zipline, por entre los árboles más grandes.

Para usarlo, tenías que colocarte un arnés y un casco, y treparte hasta una plataforma en el copo del árbol, donde la guía te estaría esperando, para engancharte al cable. La guía te daba las instrucciones, te daba la señal, un, dos, tres, y… te lanzabas al vacío y… volabas, volabas por encima de los árboles. Podías ver el bosque desde arriba, sentías el viento en la cara.

Era extraordinario. Si hubiese sido por mí, yo lo hubiera hecho todos los días. ¿Y hubiese sido un acto de valentía hacerlo? No, no para mí.

Porque yo no le tengo ningún miedo a las alturas. Antes me encantan ese tipo de actividades. Una persona es valiente porque enfrenta sus miedos, no porque no le tenga miedo a algo.

Y no tiene nada de malo tenerle miedo a algo. Todos, todos, todos tenemos miedo a algo. El miedo no te hace cobarde.

De hecho, ¿puede una persona ser valiente si tiene miedo? Únicamente puede ser valiente si tiene miedo. Porque en eso consiste vivir con valor. Consiste en hacer algo incluso si es difícil, incluso si se tiene miedo, porque sabe que vale la pena.

Pero miremos el caso de estas dos chicas. Les llamaré Vanessa y Nicole. Tanto Vanessa como Nicole le tenían el pánico a las alturas, un terror impresionante.

Pero aunque estas dos chicas compartían el mismo miedo, veían a esta actividad del canopy en los árboles de forma muy diferente. Vanessa miraba hacia el copo de los árboles y le temblaban las piernas y sentía como si se fuera a vomitar. Y sin embargo, algo la llamaba, la jalaba.

Se imaginaba cómo sería ver el bosque desde arriba. Cómo sería sentir el viento en la cara. Cómo sería volar.

Y añoraba eso. Quería sentir eso. Y sabía que si no tomaba la oportunidad, se sentiría mal después.

Se arrepentiría de no haberlo hecho. Mientras tanto, Nicole... Nicole veía los copos de los árboles y le temblaban las piernas y sentía náuseas y ganas de vomitar. Y decía, ¡no! ¿Quieres ver los árboles desde arriba?. Decía, Veo una foto y con eso tengo.

¿Sentir el viento en la cara? Me pongo un ventilador. ¿No te sentirías mal después? ¡Ah! Yo me voy para la cama y me duermo tranquilita sin haber jamás tenido esta experiencia. No me hace falta. No lo quiero. No lo hago.

Mientras tanto, los compañeros estaban animando a Vanessa y a Nicole para que lo hicieran.

Decían, tienen que ser valientes. Tienen que enfrentar esos miedos. Esta es tu oportunidad.

Nunca más lo vas a poder hacer. Te vas a arrepentir si no lo haces. No seas miedosa.

No seas gallina. Vamos, tú puedes. Es muy seguro.

Mira cómo lo hago de fácil. Y finalmente, Vanessa dijo, vale, hagámoslo. Y estaba temblando y tenía la cara pálida, pálida, pálida.

Pero se puso el arnés y el casco y se puso a llorar mientras trepaba el árbol. Casi se devuelve, pero lo logró. Y cuando llegó hasta la plataforma, la guía que la estaba esperando la ayudó a tranquilizar.

Le dijo, qué valiente eres. Te felicito. Estoy orgullosa de ti.

La ayudó a que se calmara. Y luego le tocaba saltar. Saltar desde la plataforma y confiar en el cable.

Uy, esa fue la parte más difícil para Vanessa. Y Vanessa decía, no, no soy capaz, no soy capaz. Empújame, empújame, porque no voy a ser capaz.

Pero la guía dijo, no, no puedo empujarte. Tú tienes que tomar el paso sola. Y desde abajo, todos los compañeros eran animándola y gritándole, tú puedes, eres valiente.

Vamos, a la una, a las dos y a las tres. Y finalmente, Vanessa lo logró. Y le dio la vuelta al bosque desde el aire, gritando, gritando del terror, pero también de la emoción.

Y cuando finalmente volvió a bajar a tierra firme, estaba temblando, pero estaba feliz. Feliz porque lo había logrado, porque había demostrado que era valiente y porque había cumplido un sueño. Había hecho algo que quería hacer.

Y entonces los compañeros le dijeron a Nicole, bueno, Nicole, es tu turno, te toca a ti. Y Nicole, no, no lo hago, no lo hago. Vanessa le decía a Nicole, vamos, Nicole, tú puedes, yo también tuve miedo, pero valió la pena. Fue tan maravilloso. Te vas a arrepentir si no lo haces, tienes que hacerlo.

Pero Nicole insistía en que no, que no, que a ella no le importaba, que a ella no le interesaba. Muy bien por ti, Vanessa, me alegro que a ti te haya gustado, pero yo no me monto a ese árbol. Y los demás compañeros empezaron a burlarse de ella.

Vamos, Nicole, gallina, eres miedosa, eres cobarde. Pero por más que le insistieran, Nicole dijo, no, no me subo, no me monto a ese árbol. Y no lo hizo.

Ahora te pregunto, ¿fue Vanessa valiente? Sí, por supuesto. Pero aquí está la pregunta más interesante, ¿fue Nicole valiente? También. Para Vanessa fue un acto de valentía subirse al árbol.

Pero para Nicole fue un acto de valentía decir que no se subía. Porque la valentía es hacer lo correcto, incluso cuando es difícil, incluso cuando da miedo. Y la cobardía es cuando la persona sabe lo que es correcto, pero aún así decide no hacerlo, por temor a las consecuencias.

Y en este caso, lo correcto era diferente para cada chica. Para Vanessa, lo correcto era subirse al árbol, era enfrentar ese miedo, porque ella quería, porque valía la pena para ella. Pero para Nicole no.

Nicole se conocía muy bien, y Nicole sabía que enfrentar ese miedo no le traería ninguna alegría. No era algo que necesitaba, no era algo que quería, no era algo que le interesaba para nada, no era algo que valía la pena para ella. Y al contrario, ella sabía que si se dejaba manipular, si se dejaba presionar de sus compañeros y lo hacía, se arrepentiría de hacerlo, lo detestaría, se sentiría horrible, no lo disfrutaría, al contrario, sería un trauma para ella.

Tenía perfectamente claro que no se iba a arrepentir de no haberlo hecho. Al contrario, se arrepentiría si lo hacía. Y por lo tanto, para ella lo correcto era quedarse en tierra, era no subirse al árbol.

Y ahí lo difícil era no ceder ante la presión, ante sus compañeros que le estaban diciendo cobarde. Sabía que eso le podría traer consecuencias en el trabajo de pronto, que la mirarían mal, que la juzgarían. Y puede ser muy difícil decir no y no ceder, por más que te insistan, pero para ella lo correcto era no ceder.

Y por lo tanto, ella también fue valiente. Y no ceder fue un acto de valor. Así que no siempre hay que enfrentar los miedos, porque no siempre hace falta, no siempre es necesario y no siempre vale la pena.

Hay que analizar cada miedo y decir vale la pena enfrentar este miedo o no. ¿Qué está del otro lado del miedo? ¿Y lo que está al otro lado del miedo justifica que lo atraviese o no? ¿Es un tesoro para mí o no? Lo que estaba al otro lado de este miedo de las alturas, de este miedo de subirse al árbol, era sentir el aire en el rostro, era sentirse volando, era ver el bosque desde arriba. Para Vanessa, eso que estaba al otro lado del miedo valía la pena para ella.

Pero para Nicole no. Para Nicole nada de eso importaba. Y por lo tanto, no le justificaba atravesar el miedo.

¿Para qué? Habría que mirar si Nicole hubiese estado dispuesta a enfrentar ese miedo si lo que estaba del otro lado sí valía la pena para ella. Me ha costado un poco encontrar un ejemplo donde sería realmente necesario que Nicole se subiera al árbol, pero utilicemos un ejemplo absurdo. Digamos que Nicole tiene un gato y ese gato es su mascota y ella lo ama como si fuera un hijo.

Y el gato se sube al árbol y en el árbol hay enredada una cometa. Y el gato se pone a jugar con la cometa y se enreda con la cuerda de la cometa y se empieza a estrangular el gato. Y Nicole es la única que está cerca y es cuestión de tiempo.

Si no se sube inmediatamente al árbol para soltar a su gato, el gato se le va a morir. Es un ejemplo muy absurdo, pero ahí cambia el escenario, porque ahora lo que está del otro lado del miedo para Nicole es algo que sí vale la pena, la vida de su gato. Y si ella, sabiendo que lo que tiene que hacer es enfrentar su miedo a las alturas para salvar la vida de su gato, que eso es lo correcto y no lo hace por el miedo, ahí sí se le puede llamar un acto de cobardía, porque ella sabe que lo correcto es subirse.

Pero fuera de este ejemplo muy poco probable del gato de vida o muerte, en realidad Nicole no tenía por qué enfrentarse a las alturas en su vida cotidiana. Ese es un miedo que uno puede… dejar ahí, quietecito. No te afecta.

No te incomoda. No te interrumpe la vida. No pasa nada.

La pregunta que hay que hacerse es de qué me estoy perdiendo si no enfrento este miedo. Si lo que me estoy perdiendo no es la gran cosa y no me importa y no me interesa, no tengo que hacer nada. Si, por ejemplo, le tienes pavor a las serpientes pero vives en la ciudad y el único sitio donde hay serpientes es el zoológico, pues no vas al zoológico y ya.

Sin embargo, si le temes a algo que te rodea, algo que está en todo lado, o si le tienes miedo a todo, entonces eso sí afecta tu calidad de vida. Y ahí sí que vale la pena enfrentar el miedo porque lo que está del otro lado del miedo es la tranquilidad y la paz mental. Y eso no tiene precio. Eso lo necesitamos todos.

Hay una chica venezolana estadounidense que se llama Michelle Poller que toda la vida se consideró una persona miedosa, miedosa, miedosa.

Le tenía miedo a todo. Tanto que vivía en un estado de ansiedad perpetua porque todo le daba miedo y se perdía de todo tipo de amistades y oportunidades. Y finalmente dijo, no más.

No quiero ser una persona miedosa y por lo tanto voy a enfrentar mis miedos. Los voy a enfrentar todos. Y empezó una campaña llamada Hello Fears, Hola Miedos, en donde durante 100 días, cada día se filmaba enfrentando un miedo diferente.

El reto se volvió viral y ha inspirado a muchísimas personas. Y si tú también te consideras una persona miedosa, ¿qué piensas? ¿Te le mides? ¿Aceptas el desafío? No tienen que ser 100 miedos en 100 días. ¿Pero qué te parece si haces una lista de 10? 10 cosas a las que le tienes miedo.

Y ennúmeralas. En el número 10 pone el miedo más grande. No tiene que ser el peor miedo de tu vida.

Solamente el peor de esos 10. En el número 9, uno que sea un poquito menos que eso. Y así hasta que el número 1 sea un miedo, pero un miedo sencillo.

Y ponte el reto. Ponte fecha. Voy a enfrentar un miedo cada semana y no voy a parar hasta que cumpla los 10.

Y empieza con el 1, con el más sencillito. Michelle, la que hizo el reto de 100 días, 100 miedos, no empezó tirándose de un avión el primer día. Aunque Sí lo hizo después. Se tiró de un avión. Pero el día 65. Los primeros días hizo cositas sencillas, como, por ejemplo, probar una comida nueva o acariciar un gato.

O sea, no te vayas a traumatizar con esto. Si te metes en algo que te queda demasiado grande, quedas peor. Y en vez de vencer el miedo, el miedo te vence a ti. Y terminas diciendo, no, no, no, no, no, no, quede peor, no soy capaz, soy cobarde, soy débil, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla. Así que ten sensatez, ¿no? No te lances a lo más difícil de una. La valentía también se construye.

Es como la resiliencia. Paso a paso. Y si no eres una persona miedosa, pero tienes un gran miedo y sabes que lo tienes que enfrentar, sabes que vale la pena, haz lo mismo.

Toma pasos. Paso a paso. Empieza con un paso chiquito.

Por ejemplo, supongamos que le tienes el pánico a los perros. Bueno, empieza descargándote dibujos de perros tiernos. Dibujos, ni siquiera fotos, dibujos.

Y ponte el reto de quedarte mirando el dibujo por, 30 segundos, un minuto, sin apartar la mirada. Cada que des un pasito así, verás, bueno, lo hice, sentí miedo, pero no me pasó nada, estoy bien, lo puedo hacer. Y sigue así.

Dependiendo de qué tan grave sea tu miedo, eso va a definir cómo deben ser los pasos que debes tomar. Puedes empezar a poner dibujos de perros en distintos lugares de tu casa para que los tengas que ver en distintos momentos. Hay miedos que son viscerales y terribles. Hay gente que tiene fobias, y el miedo no tiene que ser racional. La gente dice, ¿usted le tiene miedo a eso?, pero si eso no le hace nada, boba. No, el miedo no entiende de eso, el miedo solo entiende del miedo.

Conocí a una chica que le tenía tanto pavor a las serpientes que no era capaz ni siquiera de pronunciar la palabra. No podía decir serpiente, no podía decir culebra, no era capaz, le da un ataque de pánico. Esos miedos tan graves hay que tratarlos, porque son demasiado dañinos. Es como cargar con una herida, y nadie merece eso.

Nadie merece tener que vivir con pánico, con terror. Entonces, de a poquitos. Con lo del perro, si le tienes tanto miedo a los perros, por ejemplo, que no puedes ni verlos de lejos, empieza desde lo más sencillo, lo más fácil.

Consíguete un peluche de un perro, el más tierno que encuentres, el más blandito y suavecito. Y no tienes que dormir con él, no al principio, lo puedes poner por allá en un rincón y tenerlo lejos, pero cada vez ve acercándolo un poquito más, hasta que ya lo puedas abrazar, y de ahí ves subiendo de a poquitos. Ya en vez de un dibujo o una caricatura, pues consíguete una foto de un perro, una foto tierna, o sea, no vayas a poner un rottweiler. Obviamente, de a poquitos, de a poquitos.

Eventualmente, pasa a ver un videíto de un perro tierno, jugando, feliz, un perro chiquitico, un videíto de un minuto, y vas subiendo de ahí. Finalmente, búscate un amigo que tenga algún perrito tierno, una bolita de pelos que no le hace daño a nadie, que no ladra, que sea un amor, una ternura, y dile al amigo que pase el perro frente a tu casa y obligate a mirar por la ventana. O sea, estoy siendo de pronto un poco exagerada, pero cuando uno tiene una fobia real, toca así, dar pasos, hasta que finalmente tú y ese perrito estén en la misma habitación, hasta que finalmente tú lo puedas acariciar.

Puede que nunca te lleguen a gustar los perros. Está bien, no te tienen que gustar, pero necesitas poder vivir tu vida con tranquilidad, aún sabiendo que existen perros en el mundo. Necesitas poder saber que incluso si tienes miedo, vas a estar bien.

Y verás, que vas a ir paso a paso de ya no soy una persona miedosa a ya no tengo miedo. Si regularmente enfrentas tus miedos, eso te hace una persona valiente. Eso es vivir con valor.

Y los valientes son fuertes. Los valientes son capaces de muchas cosas. Pero lo más interesante es que entre más enfrentes un miedo, más se te va quitando.

Si quieres saber más sobre este tema, escucha mi episodio Con miedo pero sin dudas, el gigante y el rey. Puedes ser valiente teniendo miedo, pero ¿no sería genial no tenerlo? ¿No sería genial poder pasar por la vida con total tranquilidad, con confianza, hasta con disfrute? Poder treparse a esos árboles y disfrutarlo. Poder jugar con los perros hasta los más grandes y pasarla bien.

Ponte a hacer una lista de qué miedos tienes y mira cuáles valen la pena enfrentar. Y los que no valen la pena enfrentar, también ponte a pensar bajo qué condiciones o circunstancias sí valdría la pena enfrentarlos. No dejes que nadie te diga lo uno o lo otro.

Tú te conoces mejor que nadie y sólo tú sabes cuándo enfrentar un miedo es lo correcto, cuándo vale la pena. Enfrentar el miedo no siempre vale la pena, pero cuando sí vale la pena, vale totalmente la pena. Al principio seguramente será muy difícil y quizás sólo tengas que hacerlo una vez.

Pero si lo logras una vez, sabrás que eres capaz de lograrlo una segunda y una tercera y una cuarta. Y si tienes que enfrentar el mismo miedo vez tras vez, verás que cada vez es un poquito más fácil. Puede que nunca se te quite el miedo del todo, pero no importa, porque aunque tengas miedo, ya sabes atravesarlo y eso es vivir con valor.